—Pero luego... le diste toda tu atención a Michael; ni siquiera me hablabas. Hasta dijiste que yo era basura —murmuró Mateo, con la vista perdida.
Le cubrí la boca de inmediato.
—Ya sabes que no recordaba nada.
Este hombre de verdad sabe guardar rencor.
Una vez le dije "basura", y parece que lo va a recordar toda la vida.
—Entonces haz lo mismo —le propuse, riéndome—. Llámame basura tú también, y quedamos a mano.
Mateo me abrazó con fuerza y sonrió.
—Boba... ¿cómo podría decirte eso?
Luego se le