De repente, sentí algo caliente resbalarse por mi cuello. El corazón me dio un salto. ¿Estaba llorando?
—Aurora... —dijo de repente.
Su voz grave, vulnerable, sonó tan frágil que dolía.
—Sé que mi carácter es complicado, a nadie le resulta fácil. Casi siempre estoy dividido: por un lado, quiero estar contigo y, por otro, me da miedo. Temo que cuando esté en plena felicidad un día te vayas de mi lado. Tenerla y después perderla duele más que morir.
—Pero ya te lo dije. No me voy a ir de tu lado.