—Aurora, ¿a dónde vas?
En el set, todos ya recogían sus cosas. Listos para cerrar la jornada. Valerie también se había ido al camerino a cambiarse.
Desde el lío de la serpiente, Valerie y Camila dejaron de compartir camerino. Ahora cada una tenía el suyo. Uno al este del set y el otro al oeste.
Sin entender nada, miré a Alan, que venía bien sonriente:
—A ningún lado. Voy a casa.
—¡Si aún es temprano! ¿Para qué ir a la casa? Te llevo a pasarla bien.
Lo miré con desconfianza. ¿Era el mismo Alan de