Justo cuando me desahogaba a gritos, entró una llamada. Medio atontada, miré la pantalla: era Mateo.
En ese instante, toda la rabia y la frustración que llevaba dentro encontró una salida. Apenas contesté, empecé a gritarle al teléfono:
—Mateo, eres un arrogante, un hipócrita, un maldito loco. ¿Cuándo estuve yo con Javier? ¿Cuándo lo abracé? ¡Siempre inventas! ¿No fuiste tú el que abrazó a Camila delante de mí? ¿No la defendías todo el tiempo? ¿Y qué dije yo? Nada. En cambio, tú nunca confías en