—¡Carlos…! —gritaba Camila, una y otra vez. Su voz sonaba débil, fingiendo inocencia.
Cualquier hombre que la escuchara seguro se enternecía.
Valerie alzó las manos:
—Uy, un fantasma, da mucho miedo.
Carlos ya no aguantó y me empujó.
Me tambaleé y casi caigo. Por suerte Valerie me agarró a tiempo.
Justo cuando Valerie iba a soltarle una sarta de insultos a Carlos, yo le tomé la mano y le hice una seña para que se calmara.
No esperaba nada de él. Prefería no encender más el conflicto para que Val