Mateo apretó los labios.
Me miró un buen rato antes de hablar, y su voz salió ronca:
—Piénsalo… es un regalo entre amigos normales —dijo.
—¿Amigos normales? —me burlé.
—No creo que pueda ser una amiga normal de un hombre con el que tengo tanto pasado. Y además, ¿ya olvidaste que estamos casados? Si quieres ser solo mi amigo, primero rompe ese vínculo.
Mateo tembló un poco, y su mirada se volvió amenazante de la nada.
Me preguntó en voz baja:
—¿Quieres romperlo?
Sentí una irritación difícil de ex