Ya no quería prestarle atención. En serio, no quería prestarle atención.
Sospechaba que si seguía tratando con él, un día iba a morirme de la rabia.
De repente, Alan corrió hacia mí. Miró a su alrededor y me preguntó con curiosidad:
—¿Mateo? ¿Cómo desapareció así, de repente?
—Se fue —dije, tranquila.
—¿Ah? ¿Se fue? —Alan se sorprendió.
—No puede ser. Cuando bajó del avión dijo que primero venía para acá. Te extraña tanto, ¿cómo va a irse solo, de repente? Aurora, ¿no habrás dicho algo hiriente