Capítulo 11
La habitación recuperó su silencio sepulcral. Alejandro se sentó otra vez junto a la cama, tomó la mano helada de Lucía y apoyó la frente sobre ella.

—⁠Lucía… Dime… ¿De verdad… me equivoqué tanto?

El dolor y la confusión le espesaban la voz. Nadie respondió. Solo el viento que pasaba junto a la ventana produjo un sonido parecido a un lamento.

Al tercer día después de su aparente muerte, el cuerpo de Lucía seguía tendido en la cama de sus aposentos del Palacio de Jade.

Tomás se detuvo en la entra
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