—Soy un viejo conocido —respondió Alejandro con una calma deliberada.
A Lucía le temblaron los dedos, pero solo un instante. Se obligó a recuperar el control, bajó los ojos para evitar aquella mirada ardiente y se volvió hacia Gabriel.
—Lleva a Emi adentro, por favor.
Él la miró y luego observó a Alejandro con creciente inquietud. No preguntó nada. Le apretó la mano.
—Llámame si necesitas algo.
Después se llevó a la niña, volviéndose varias veces antes de entrar a la parte trasera.
La tienda