—¡Majestad!
Valeria se acercó a la cama, se cubrió la boca con un pañuelo y rompió en sollozos al ver a Lucía inmóvil.
—Me dijeron que Lucía… ¿Cómo pudo pasar? Ayer todavía estaba bien…
Hizo ademán de arrojarse sobre ella para llorar, pero Alejandro no reaccionó. Seguía sentado, con la mano de Lucía entre las suyas y la mirada perdida al frente, como si no la hubiera oído entrar.
Valeria sintió una inquietud inexplicable. Se obligó a conservar la calma y habló con una voz aún más dulce, fingie