Gael
La lluvia golpeaba contra los cristales de mi oficina como si quisiera entrar a la fuerza. Me recordaba a mí mismo, intentando romper barreras que parecían inquebrantables. Llevaba tres horas revisando informes, mensajes encriptados y fotografías de vigilancia. Tres malditas horas buscando la grieta en mi organización, el punto exacto donde todo comenzó a desmoronarse.
Alguien me estaba traicionando. Lo sentía en la piel como un escalofrío persistente.
Tomé el vaso de whisky y lo vacié de