—¡Carajo! —Samuel golpeó la mesa con tanta fuerza que los vasos temblaron—. ¿Cómo demonios puede haber una diferencia de varios minutos en la cámara? ¿Quién es el bastardo que se llevó a mi esposa?
Su voz resonó en la sala como un trueno. Era la primera vez que los oficiales lo veían tan fuera de control. Samuel Anderson, el hombre que usualmente pensaba antes de actuar, ahora era solo un esposo desesperado que se sostenía a duras penas.
—Señor Anderson, cálmese —pidió el oficial a cargo—. Estam