Por cosas del destino, ese día todo era muy diferente, Alía se levantó y le extrañó no ver la rosa que su esposo todo el tiempo dejaba para ella, la sensación de que algo malo podría pasar ese día estaba alojado como una espina en su corazón; sin embargo, la mujer no le dio mucha importancia, fue hasta el baño, hizo su rutina matutina y después de una hora bajo las escaleras para llegar hasta el comedor.
— Buenos Días, Señora Alía, ¿va a comer de una vez?— la voz de la mujer llego a las espalda