—¿Eres tonta, Alía? ¡¿Cómo no puedes estar feliz?! Estás nominada a Actriz del Año. Por fin, después de tantas noches sin dormir, grabaciones interminables y viajes a ciudades que ni siquiera recordamos en el mapa… estás recogiendo lo que sembraste —exclamó Sofía, más emocionada y eufórica que la propia protagonista del logro.
Alía, sentada frente al espejo, observó su reflejo con una expresión tranquila, casi nostálgica. Suspiro largo, lento, consciente.
—Amiga, no exageres. Sé que es uno de lo