La pelinegra caminaba de un lado a otro como león enjaulado, mordiendo su labio inferior con fuerza, debido a los nervios y a la incertidumbre.
Ya hacia casi una hora que habían llegado al hospital y que Kalet había sido atendido de emergencia, ya que el golpe había sido demasiado fuerte y la hemorragia no daba señales de detenerse, a pesar de los innegables esfuerzos de los paramédicos durante todo el camino.
Lo habían ingresado a una sala para hacerle un chequeo exhaustivo y descartar cualqui