Una fuerte punzada de dolor lo hizo arrugar el entrecejo con fastidio, mientras se llevaba la mano derecha a la parte trasera de su cráneo, de dónde provenía la molestia más fuerte.
Un pequeño gruñido escapó de sus labios cuando un líquido ácido y caliente subió por su garganta, amenazando con salir de su sistema digestivo pero al final, este volvió al lugar del que había venido.
Pequeños flashes de lo sucedido comenzaron a abordar su memoria impetuosos y sólo pudo apretar sus párpados con fuer