Kalet se empinó el vaso, cómo si sólo el escozor que el alcohol dejaba a su paso en su garganta, fuera capaz de apagar la rabia ciega que lo devoraba lentamente.
Le parecía una completa desfachatez que después de lo que hizo, Margot aún tuviera el descaro de volver y buscarlo, cómo si nada hubiera pasado. Cómo si no hubiera pisoteado su dignidad a su antojo.
No la amaba, pero eso no significaba que no le doliera su orgullo herido y deseara con todas sus fuerzas la tan destructiva venganza.
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