El aire salino de la costa siempre había tenido la capacidad de calmar a Yestin, pero hoy, el aroma del mar se sentía como azufre en sus pulmones. Detrás de la estructura de madera del muelle, donde las sombras la ocultaban de la mirada de Castiel, sus dedos torpes luchaban contra los botones de su blusa. Estaba temblando. No era el frío de la brisa, sino una mezcla corrosiva de miedo y una determinación ciega que le nacía desde las entrañas.
Cada vez que asomaba la mirada, el pecho se le apret