Capítulo 31. Danna
—Bueno, esto es mejor que ir al gimnasio, ¿no? —comentó Alba con una sonrisa torcida mientras extendía los brazos.
Jaxon, que ya estaba acostumbrado a su humor, soltó una carcajada. —Cuidado con lo que dices, Alba. Aquí el único gimnasio es el trabajo duro.
Las horas pasaron entre el olor a heno y la risa. Ordeñar las cabras fue más complicado de lo habitual y, definitivamente, fue una experiencia curiosa; sin embargo, la limpieza del establo, con su olor característico de las heces y el cuidad