46. El ritmo del amor
Un año después.
El sol de la mañana pintaba de un naranja cálido las montañas que rodeaban el rancho de los Navarro. Jaxon, con las mangas de la camisa hasta el codo y el cabello revuelto por el viento, observaba a Alba mientras esta alimentaba a las cabras. La luz dorada acariciaba su cabello castaño, resaltando los destellos cobrizos que tanto le gustaban y sus mejillas, rosadas por el esfuerzo, le daban un aspecto aún más radiante.
—Buenos días, mi amor —avanzó hacia ella con una sonrisa más