45. Pensar en el futuro
Jaxon, sin perder más tiempo, se dirigió al establo con la curiosidad siendo aplastada por el nerviosismo. Ahí estaba Alba, sentada, con las manos delicadas y expertas en la ubre de una de las cabras. Estaba concentrada en su tarea, con las mejillas sonrojadas, el cabello revuelto y el sol iluminando su rostro, resaltando sus rasgos delicados.
―Buenos días, granjera ―la saludó acercándose con una amplia sonrisa.
Alba, al escuchar su voz, levantó la vista, al mismo tiempo que se enderezó con una