48. Epílogo: Un bulto en el horno (parte 1)
Dos años después. En la casita frente al campo de mandarinas.
La luz dorado bañaba la cama en un cálido resplandor. Alba, con su cabello revuelto y una sonrisa que no desaparecía ni en sus sueños, se removió entre las sábanas, sintiendo la familiar patada en su vientre. Tenía seis meses de embarazo y, a pesar de las náuseas matutinas y los antojos impredecibles, se sentía radiante.
Un gruñido adormilado resonó a su lado. Jaxon, con la barba de dos días y su torso descubierto, se estiró, bosteza