32. El Rancho
Jaxon suspiró, sabiendo que la conversación no iba a ser fácil.
—No es lo que piensas, Alba. Danna y yo somos… amigos. Sólo eso. Nos divertimos, sí, pero no significa nada. Ya sabes… ―Alba fijó sus ojos en él, e inclinó su rostro con una expresión de escepticismo.
—¿Y qué quieres que te diga? ¿Que me siento ofendida? ¿Que exijo explicaciones? ¿Que me muero de celos? —preguntó con una media sonrisa forzada. —No, Jaxon. No te debo nada. El trato era claro. Aquí en el rancho somos novios de mentir