27. Danza de la mentira
La música vibraba en el cuerpo de Alba, un ritmo pegajoso que la arrastraba sin remedio. Había olvidado, al menos por un rato, el sabor amargo que le había dejado el comentario venenoso de Danna y la inacción de Jaxon. Se reía, se movía, disfrutaba. Era justo lo que necesitaba. El hombre con el que bailaba, un tipo alto y rubio, con una sonrisa demasiado amplia y ojos que prometían aventuras, la guiaba con soltura, sujetándola de la cintura con una familiaridad que la hizo sentir una chispa, un