12. Noche de libros
El aroma a paella flotaba en el pequeño departamento de Auritz. Jaxon, con su habitual camisa desabrochada y una sonrisa pícara, ya había puesto la mesa y permanecía sentado con un libro abierto. De vez en cuando observaba a su amigo con curiosidad y diversión, mientras este se movía por la cocina, inspeccionando la olla.
—¿Todo en orden, chef? —preguntó Jaxon regresando la vista a las páginas.
Auritz se encogió de hombros. —Estoy improvisando ―bromeó, ―creo que esta paella va a ser una bomba.