13. El encuentro
El olor a papel nuevo y tinta fresca inundaba la librería. Jaxon, con las mangas de la camisa arremangadas y el pelo revuelto, acomodaba el nuevo lote de libros. La mañana del viernes había transcurrido en un torbellino de cajas, catálogos y el incesante tic-tac del reloj. Su mente, sin embargo, no estaba tan ocupada con los libros como con las palabras de Auritz.
―No dejes que la mentira se mezcle con la realidad, Jaxon ―esa seriedad que sólo su amigo podía imponer, le calaba.
La mentira.
Esa