Kevin se miró al espejo. El traje a la medida caía con elegancia sobre su cuerpo, el cabello perfectamente arreglado lo hacía lucir como un hombre imponente, el heredero que cualquiera envidiaría. Sin embargo, detrás de esa imagen perfecta, no había ni un rastro de felicidad.
Al bajar las escaleras, sus ojos se encontraron con Eva. Verla lo enfurecía. No porque fuese indiferente, sino porque, aunque lo odiara admitirlo, ella era la única capaz de hacer que su corazón latiera con fuerza. Eso l