Iván no le contestó, y Raina entendió perfectamente lo que eso quería decir.
Al final, caminó hasta él, sentándose enfrente.
—Iván, me trajiste para ver a Celia, ahora de verdad quiero verla. ¿Podemos verla primero, por favor?
Hablaba con sinceridad. Incluso se le empezaron a salir lágrimas. Sentía que estaba tan cerca de resolver esa mezcla de injusticia y esperanza acumulada por tantos años.
—¿Quieres visitar a una paciente a mitad de la noche? ¿Te parece adecuado? —dijo él, tranquilo. Con esa