A Raina se le heló la sangre. El puro instinto le gritaba que saliera corriendo de ahí. Pero antes de que pudiera dar un solo paso, sintió un empujón tan fuerte que la aventó directo al suelo.
—¡Cuidado! —gritó Noel con todas sus fuerzas, echándosele encima para cubrirla, usándose como un escudo humano.
Como era de esperarse, el líquido que iba para Raina le cayó a él con todo. El brazo y la espalda de Noel recibieron el golpe.
Un olor químico muy fuerte llenó el aire mientras el ácido empezaba