La iglesia estaba llenísima, como siempre, pero se veía que le habían metido mano. Después de los arreglos que le hicieron, el lugar se veía mucho más impresionante.
Raina se detuvo justo en la entrada y levantó la vista...
Esa imagen de Cristo, donde antes le habían rayado groserías y maldiciones, ya estaba como nueva. No quedaba ni rastro de toda esa cochinada que le habían hecho.
—Ya no es la misma —murmuró Raina. Sin saber por qué, sintió un hueco en el pecho.
Iván, al verle la cara de tris