Nelson apareció sin que nadie lo sintiera. Estaba ahí parado a unos metros, con la cara desencajada y sin una gota de sangre, pálido, pálido.
—Raina...
Iván reaccionó al segundo. Dio un paso al frente y se le puso en medio, sirviendo de escudo entre ella y ese hombre.
Raina no volteó, pero se puso tiesa como una tabla, y se notaba que por dentro estaba que estallaba. Hizo el intento de irse de ahí sin decir ni una sola palabra.
—¡Espera! —Nelson se adelantó, con la voz toda quebrada—. Venía de