—¿Cómo que Manuel cantó? ¿Y que me está echando toda la culpa a mí? —A Milena se le fue el piso.
El empleado, al verla tan fuera de sí, no se atrevía ni a respirar fuerte.
—El chisme ya está en boca de todos, señora. Me temo que la policía no tarda en aparecer por aquí...
Milena se paró de un salto, con el pecho agitado por la rabia.
—¡Mentira! ¡Ese infeliz no se atrevería a traicionarme! —Apretó los puños con mucha fuerza—. ¡Que tengan el carro listo ahora mismo! Tengo que ver a Jayden. ¡Y que