—Lo de los Dunlap no se va a solucionar de un día para otro, pero tampoco creas que se van a hundir así de fácil. Todavía tiene mucha tela de donde cortar —Iván la tomó de la mano y la jaló despacito para que se sentara a su lado—. Ahora lo que importa es que termines lo tuyo para que mañana, en cuanto amanezca, nos regresemos.
Raina soltó un suspiro, abrió su laptop y se puso a trabajar.
Iván, sin hacer ruido, se quedó ahí al pendiente de ella. De vez en cuando le pasaba un vaso con agua para