Capítulo 35 Fui engañada.
En las manos de Raina apareció una pequeña caja, que su abuela había sacado de un cajón de su mesa.
—Esto lo dejó tu mamá. Para ser exacta, fue un regalo de tu padre para ella. Han pasado más de veinte años… —La abuela hablaba con dolor.
Haber perdido a su esposo y a su hija tan pronto había sido lo más duro que le tocó vivir, y cada vez que lo recordaba, su voz se quebraba.
La cajita pesaba en la palma de Raina, tanto que ni siquiera se atrevía a abrirla. Fue su abuela quien la animó.
—Ábrela,