A Marta se le borró la sonrisa de un plumazo.
Las palabras de Carla habían sido muy finas, pero el mensaje de "lárgate de mi casa" se entendía clarito. Marta no se lo esperaba.
Según ella, estaba haciendo "un favorzote", pero ya se veía que aquí las buenas acciones no siempre se agradecían.
—Tiene toda la razón, señora Herrera —respondió Marta, recuperando la postura y asintiendo con la cabeza—. Con permiso, no le quito más su tiempo.
Al dar media vuelta, un brillo de coraje le cruzó la mirada