Fiona salió furiosa del Club Platino. En los escalones de mármol se le dobló un tobillo y por poco se va de boca.
Como pudo recuperó el equilibrio, aunque tenía la vista nublada por el llanto.
El viento de la madrugada le arruinó los rizos que tanto tiempo le había costado peinar, y traía el maquillaje hecho un desastre por toda la cara.
—¡Iván! ¡Te odio! —gritó hacia las puertas del club, con la voz ya hecha trizas.
Unos cuantos que pasaban por ahí se le quedaron viendo, y ella les lanzó una