El ambiente adentro del carro se puso helado de golpe.
—De plano que estás bien malcriada —soltó Iván por fin. Su voz era tan baja que daba miedo.
Fiona puso los ojos en blanco, harta.
—Ay, por favor, ya vas a empezar con tus sermones. Toda la vida me has dado mis gustos en todo, ¿y ahora te pones así por una tipa cualquiera...?
El carro frenó en seco y Fiona por poco se estampa contra el asiento de adelante.
Las puertas doradas del Club Platino brillaban frente a ellos. Diego ya los estaba es