Iván no dijo nada. Abrió su cartera y, como si estuviera manejando un tesoro, sacó una foto vieja de un compartimento escondido.
En la imagen aparecía una Raina mucho más joven, subida en el podio. Tenía el pelo todo despeinado y, justo en ese instante, la liga del osito se le estaba resbalando.
—Yo la recogí —murmuró él, acariciando la foto con el pulgar—. La traigo conmigo desde entonces.
A Raina le dio un vuelco el corazón. Ahí fue cuando cayó en la cuenta: Iván la conocía desde hacía años,