Se quedaron viendo fijo y no hizo falta ni una palabra... con eso se dijeron todo. S
i a los dos les sonaba el teléfono al mismo tiempo y en plena madrugada, era porque la cosa venía pesada.
Para no estorbar, Iván se salió a la terraza mientras Raina apenas alcanzaba a contestar:
—¿Julieta?
Del otro lado del vidrio, a Iván se le puso la cara seria. Su gesto se volvió más oscuro que la misma noche.
—Iván, ¿sigues ahí? —preguntó Diego después de soltarle todo el reporte.
—Sí.
—Las fotos y los vid