Iván apretó los ojos con fuerza, esperando lo peor, hasta que oyó la voz de Raina:
—Es de juguete.
—¿Qué?
Abrió los ojos despacito y la vio agarrando a la serpiente por la cabeza. El bicho parecía mirarlo fijo.
Iván sintió un frío que le recorrió toda la espalda y pegó un brinco, quedando pegado a la puerta.
¡Esa porquería se veía demasiado real!
Al verlo así de asustado, a Raina le salió lo traviesa y le aventó el bicho encima. Iván saltó hacia atrás como si le hubieran disparado.
¿Dónde había