—¡Nada mal! ¡Y todavía te atreves a decir que no sabes! —exclamó Julieta mientras guiaba a Raina en un baile lleno de energía, aprovechando para lanzarle un cumplido.
Raina, siguiéndole el ritmo sin perder el paso, respondió:
—Es que tengo a la mejor maestra.
Julieta llevaba el mando con una seguridad envidiable.
Cada movimiento era audaz, provocativo y con mucha clase.
El diseño de su vestido, con la espalda totalmente descubierta, creaba la ilusión de que la seda iba a salir volando en cual