—Vaya ironía. Salimos a cazar y terminamos siendo la presa —comentó Julieta con una risita, nada sorprendida por lo que Raina le contaba.
Esa es la diferencia con las mujeres que tienen mundo: no se asustan con cualquier tontería.
Raina, manteniendo la misma calma, le advirtió:
—Ten mucho cuidado al rato.
—¿Yo nada más? —Julieta barrió la silueta impecable de Raina con la mirada—. ¿Por qué? ¿A poco tú eres de acero o qué te hace creer que a ti no te va a tocar?
Esa mujer tenía la lengua afilada