—¿Y ahora quieres estar con él? —le soltó Iván a quemarropa.
Raina soltó una risita amarga.
—¿Pero qué clase de mujer crees que soy?
—¿Y tú qué esperas de mí entonces? —replicó él, subiendo el tono de voz.
Al oír eso, a Raina le empezaron a temblar los dedos sobre las piernas. Levantó la vista para verlo.
Su perfil, que siempre le había parecido tan atractivo, ahora se veía endurecido, casi frío.
—Iván, no tengo malas intenciones. Solo hago esto por mi abuela, yo...
—Si es por tu abuela, ¿ento