En cada uno de los mil metros cuadrados de la quita de la familia Herrera, se sentía el ambiente de celebración.
Era una casa muy bien cuidada, con un estilo antiguo y elegante. A los costados de la limusina, había dos hileras de mujeres de gala, todas de la misma estatura. Todas tenían las manos vacías, esperando.
Alguien comentaba en voz alta:
—¡La novia va a lanzar el ramo, la que lo agarre será la próxima en casarse!
Todo estaba listo para que ella se bajara y lanzara el ramo, según la tradi