—Diego.
Ivana llegó casi corriendo, vestida de blanco, ropa deportiva y energía de sobra.
Dieciocho recién cumplidos, esa edad en la que todo parece estar empezando.
—Ivana, cada día estás más guapa —dijo Diego.
Apenas un segundo antes, parecía que quería huir de ella como si fuera la peste, pero en cuanto la tuvo enfrente, se le ablandó la cara por completo.
Por algo Iván le decía "el doble cara". Con él, Diego se mostraba tal cual era, pero de ahí para afuera, medio Lureña lo conocía como el