¿Esposo? Esa palabra... dicha así, en ese momento, saliendo de sus labios.
Estaba borracha, sí, pero no del todo perdida.
—¿Me dejas besarte... o no? —insistió Raina.
Normalmente era fría, distante. Pero ahora estaba distinta: más blanda, más suave. Algo duro en ella se había aflojado y, debajo, quedaba solo el calor. Al mirarla así, también a él se le movía algo por dentro.
—¿De verdad quieres besarme? —preguntó él.
Apenas escuchó eso, la suavidad en los ojos de Raina se evaporó. Una sombra de