Raina durmió de un tirón, vencida por un sueño profundo y pesado, cortesía del alcohol.
Cuando por fin abrió los ojos, vio a Iván sentado en el sofá, con ropa de casa, leyendo el periódico. Llevaba unas gafas apoyadas en el puente de la nariz.
No sabía si era porque todavía estaba medio dormida, pero por un segundo le pareció ver en él a Roman.
Fue apenas un instante. En cuanto terminó de despabilarse, Raina se incorporó de golpe.
—¿Ya despertaste? —Iván pasó la página. El papel crujió con un s