Raina no se había equivocado. Eran ellos.
Los dos hombres caminaban con tranquilidad, sin prisa, como si estuvieran disfrutando de un paseo nocturno. Sus estilos eran distintos, pero ninguno dejaba de imponer presencia.
—Señor Franco, ¿por qué no hace un sacrificio y me lo vende? —dijo Iván, sin rodeos, tomando la iniciativa.
Diego ya había investigado lo del collar: el dueño era Jayden.
—Es un collar cualquiera. Desde el principio pensaba donarlo a la subasta. No le tengo ningún apego. Si le gu