Luego de desahogarse con Ibor, Annika se sintió más ligera. Necesitaba sacar todo lo que la ahogaba y, aunque nunca esperó que pudiera llegar a tener tal confidencialidad con un desconocido y más con él, descubrió que tenían muchas cosas en común con Ibor y, que, al igual que ella, no podía hacer más que sufrir en silencio.
Tal como lo había prometido hacía tres días, la había estado visitando por un par de horas, donde hablaban de todo un poco y su amistad se fortalecía. Los dos encontraron e