Los besos y las caricias furtivas se prolongaron por varios minutos más en los que ninguno de los dos deseaba apartarse, pero el aire empezaba a escasear en sus pulmones, exigiéndoles un poco de aire y sosiego, así que no tuvieron más opción que romper el beso a la fuerza, agitados y con el deseo latiendo caliente en sus venas.
—El día aún no ha terminado y, aunque quisiera hacértelo ahora mismo, en realidad te tengo preparada una sorpresa —murmuró Kian, presionando su dura erección en su zona